El proceso penal comienza mucho antes del juicio, donde la intervención del abogado penalista lucirá ante el tribunal y en presencia de todas las partes, principalmente de su cliente, que le encomienda muchas veces su libertad, la cual es considerada uno de los derechos innatos al ser humano. Con frecuencia, los abogados recibimos encargos una vez terminada la instrucción penal, es decir, la fase de investigación y esclarecimiento de los hechos, justo antes del trámite previo a la celebración del juicio penal. Ello puede deberse a que es en esa fase cuando el cliente es más consciente de la pena que se le puede imponer y de lo cerca que se encuentra el juicio oral y, si bien todavía tiene defensa, obviamente, para un abogado penalista lo ideal hubiera sido participar desde el inicio del procedimiento, ya no solo por el hecho de poder asumir íntegramente la dirección técnica del asunto de principio a fin, sino por la presencia directa en diligencias que le ayudarán a preparar dicho juicio, en caso de no lograr que se archive el procedimiento, cuya iniciativa también asumirá un buen abogado penalista en lugar de limitarse a ser un espectador de lo que ocurra en el procedimiento.

Por esa razón, ante cualquier indicio delictivo se deberá consultar con un abogado o abogada especializada en delitos, asesorándose con carácter previo a prestar declaración en cualquier dependencia y proporcionándole toda la información al abogado, que será el alter ego del cliente. Un buen abogado penalista será un actor principal de la función, no un mero espectador, y hará todo lo que esté al alcance de su mano para obtener la mejor resolución del litigio en cuestión.

En este sentido, velará, en primer lugar, para que se respeten todos y cada uno de los derechos de su cliente y, muy especialmente, todos los relacionados con el derecho de defensa, ejercitando en nombre de aquél todos los mecanismos que haga falta para, en último término, lograr una sentencia favorable o evitar el ingreso en prisión de su defendido. Así, participará en cuantas diligencias o pruebas se practiquen en la investigación, ya no solo en la declaración del investigado en las dependencias policiales o judiciales, sino en las diligencias de entrada y/o registro, declaraciones testificales, periciales, comparecencias de órdenes de protección, recursos contra resoluciones que le resulten perjudiciales a su defendido, etc., sin necesidad de la participación directa de aquel.

Particularmente destacable es el procedimiento especial del habeas corpus, del que hablaremos con más detenimiento en otro post, que utilizará el abogado para que se respeten los plazos máximos de detención y puesta a disposición judicial. Asimismo, en determinados casos, en función de los hechos perseguidos, puede tener lugar una comparecencia de prisión provisional, en la cual el abogado hará valer las alegaciones que amparen la puesta en libertad de su defendido y, en caso contrario, los recursos contra la decisión judicial que se adopte al respecto, para lo que deberá contar con información clara y precisa de su cliente, principalmente si tiene antecedentes, trabajo, familia o cualquier otra circunstancia relevante para acreditar su arraigo social y con ello minimizar el riesgo de fuga, así como si padece alguna discapacidad o adicción que pudiera ser determinante en la instrucción y, en su caso, como buen abogado penalista, solicitará prueba al respecto y podrá alegar posteriormente en el escrito de defensa a los fines de solicitar una eximente o atenuante que le evite o reduzca la pena llegado el caso de celebración de juicio.

Y es que, como decíamos al principio, gran parte de los investigados contactan con un abogado especializado tras recibir el escrito de acusación o el auto de procesamiento. Tenga claro que un buen abogado penalista se personará tan pronto reciba el encargo cumplido y solicitará copia de todas las actuaciones para examinarlas con detalle, pero los plazos procesales suelen ser breves y, por ejemplo, para realizar un escrito de defensa solo cuenta con diez días, plazo muchas veces insuficiente para estudiar toda la causa y preparar la mejor estrategia de defensa. Otro factor a tener presente en este momento es que ya no va a poder solicitar pruebas encaminadas a pedir el sobreseimiento o archivo del procedimiento en favor de su cliente, sino que deberá centrarse en la estrategia de cara al juicio oral. Por todo ello, resulta sumamente aconsejable contactar con un abogado o abogada penalista lo antes posible, confiar en dicho profesional y anticiparse a la prueba que se practique en el juicio, yendo de la mano con el cliente, manteniéndole informado en todo momento y haciéndole partícipe del procedimiento. Solo así se conseguirá una solución satisfactoria para ambas partes.

Hasta aquí lo que respecta al derecho de defensa de una persona denunciada, investigada, acusada y, finalmente, procesada por un delito, pero hay muchas otras actuaciones destacables de un abogado penalista, que igualmente representará a la víctima o persona ofendida y/o perjudicada por un delito, siendo igualmente recomendable consultar con un profesional especializado para que se respeten sus derechos y, en caso necesario, ejercer la acusación particular en nombre de la víctima, en cuyo caso podrá solicitar la condena del investigado y reclamar la indemnización que le corresponda de cara a obtener una reparación integral del daño sufrido. Si una persona que ha sufrido unos hechos delictivos no se persona con abogado y procurador en un procedimiento penal, ello no quiere decir que no se perseguirá al autor y que este no va a ser condenado, si procede, sino que la acusación, en ese caso, le corresponde ejercerla al Ministerio Fiscal, que también se ve en la obligación de velar por la defensa de todos los derechos e intereses de los más desfavorecidos; si bien puede ocurrir que en determinados supuestos no considere perseguibles los hechos o haga una petición de condena insatisfactoria para la víctima. Si la victima confía en un abogado penalista, estará representada y defendida por un profesional y será conocedora de todas las decisiones y diligencias que se desarrollen y en las que, al igual que el abogado defensor, podrá participar a través de su abogado acusador, que velará por sus legítimos derechos e intereses, como decíamos. De la celebración del juicio hablaremos en otro momento.

En caso de duda, consulte con un abogado penalista, pida presupuesto y confíe en su profesionalidad y experiencia e, igualmente, si no está conforme con su abogado o bien no confía plenamente en que el mismo hará todo lo posible por defenderle, contrate a un profesional que le transmita confianza y, sobre todo, que luche por sus derechos. De esta forma, todos saldremos ganando.

“Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final pase lo que pase.” Harper Lee, Matar a un ruiseñor.